La comisión River sin barreras, del Club Atlético River Plate, se encarga no sólo de acreditar y facilitar el acceso a los partidos a personas con discapacidad, sino también de agrupar distintas disciplinas deportivas y eventos sociales con el objetivo de incluir a todos.
El proyecto se desarrolla gracias al esfuerzo de un socio del club, Alberto Tula, que comenzó el grupo motivado por su experiencia personal. Su hijo nació con osteogénesis imperfecta, enfermedad conocida como “huesos de cristal”, por lo que los médicos le recomendaron vedarle cualquier tipo de actividad. “Nosotros tratamos de darle una vida totalmente normal. Le habían dado siete años de vida, y a los diez comenzó a ir a River”, cuenta Tula, actual vicepresidente de la comisión de River sin barreras. “En el club empezó a sociabilizar, fue la primera silla de ruedas y a pesar de que en instituciones como River es muy difícil instalar una idea de discapacidad, fue gracias a esto que mi hijo se insertó en la sociedad”, relata.
En un principio, Tula colaboraba con la distribución de las entradas para personas con discapacidad. Fue asi que vio a muchos chicos con ganas de estar en el club, por ser verdaderos hinchas o por tener ganas de presenciar el espectáculo. Ahí comenzó a creer en que se podría incluir a estas personas y que River debía tener una actividad social que abarcara a todos. “Somos todos convencionales, tengamos o no atributos promedio, pero somos todos convencionales”, opina el socio.
En 1991, durante las elecciones, presentó el proyecto pero recibió una fuerte oposición por parte de un dirigente muy importante de la época. Fue finalmente el ex presidente José María Aguilar quien en 2002 instaló River sin barreras con peso de comisión. A partir de ahí la parte social empezó a movilizarse mucho. Por ejemplo, el evento anual de pintura que se hace en el club para aquellas personas que no están interesados en lo deportivo convoca a unas 1200 personas, incluyendo gente de las filiales.
Las acreditaciones para ver los partidos se toman en febrero. Actualmente hay alrededor de 3 mil personas acreditadas, pero por partido entran unas 400 (más al menos un acompañante). La ventaja que tiene el club es que aquellos que usan sillas de ruedas o tienen patologías muy avanzadas pueden entrar por el acceso de prensa ya que ahí funcionan los ascensores. “Ningún club maneja esto como River. Si bien se puede copiar lo que hacemos, debe existir también un lugar físico disponible para recibir a estas personas”, afirma Marcelo Kuncic, jefe de prensa de la comisión. Para Tula, la hora de recibir a la gente en el club es un momento muy especial. “El premio que yo tengo es el beso que me dan cada vez que los recibo cuando vienen a ver los partidos.”
Lamentablemente las entradas no alcanzan para todos y eso le ha traído algunos problemas a Tula y a sus colaboradores. “Muchas veces me han amenazado con denunciarme al INADI cuando se nos acaban los lugares. Una vez fui, en aquel momento estaba (María José) Lubertino al frente. Le planteé la situación y me mostraron un libro con denuncias en mi contra. Pero me dijeron que me quedara tranquilo, que ellos sabían que el trabajo que hacíamos en River estaba bien hecho”, recuerda.
Actualmente hay tres deportes que se pueden practicar además de algunas disciplinas dentro del atletismo: natación –el club cuenta con un equipo de diez nadadores entre los que se encuentra Guillermo Marro, uno de los mejores del país–, fútbol sala para ciegos –donde juegan algunos de los murciélagos, como Silvio Velo– y básquet en silla de ruedas. “El equipo de básquet es mi debilidad porque porque yo fui el que instaló esta disciplina en el club, después de grandes luchas. Luego de tres años de jugar en el predio de Ramsay, logramos que nos cedan el microestadio de básquet para jugar dentro del club” cuenta Tula. El directivo explica: “Por ahora sólo podemos ofrecer esas disciplinas porque no tenemos más lugar en el club. River adolece de lugar, aumentar las propuestas exigiría casi una instalación paralela”.
Cuando se le pregunta al vicepresidente que se necesita para lograr lo que ellos hacen, él responde que es necesario tener un equipo muy bien formado. “Es muy difícil, pero se requiere que todo el mundo colabore. La discapacidad tiene dos componentes: el científico y el intelectual. No podes manejar a una persona con cierta patología igual que a una persona convencional. Tenés que manejar los dos componentes”, dice.
La importancia de que proyectos como éste se lleven a cabo radica en darle a estas personas un espacio por el cual puedan ser incluidos en la sociedad desarrollando actividades grupales y donde puedan ser reconocidos por sus capacidades, que son mucho mas extraordinarias que aquello que el físico o la mente les prohíbe hacer.

Mariano Fernández Zalazar